"No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo" (Albert Einstein)

Colaboradores que participan activamente en este blog:

 Sol 
 R C E 
 Terly 
 Dave 
 Isra 
 Juan 
 Javi 
 GKCh 
 Fran 
 Robur 
 Mamuma 
 LARdT 
 Mike 

Zapatero - Rajoy - PSOE - PP - UPyD - Ciudadanos - Izquierda Hundida - PNV - Liberalismo - La Izquierda - La Derecha
Crisis... what crisis? - La Casa Irreal - La Casa Real - Los separabobos - Sindicatos - OJT - El rincón de los hipócritas
Humor - Historia - Ejército - Frases lapidarias - Encuestas - La España de nuestros días - El gran latrocinio
Ateos sin Fronteras - El rincón de los tontos - La Justicia sí que es ciega - Abortadas - Inmigración - Islam - Poemario
Hedukazion - Comunismo - Democracia - ONJetas - Juergas Armadas - El país de la censura - Terroristas sin Fronteras
Memoria histérica - Salud - Lacayismo - SGAE - Paro - Menestros - Nuevo Orden Mundial - Conspiraciones
Feminismo rabioso- Ecolojetas - Republicanos sin Fronteras - Masoncetes e Iluminaos - Constitución
Consultas a los colaboradores - Red Hispania - Premios - PREMIOS RED HISPANIA - TODOS LOS CONTENIDOS - (*)
Increíble pero cierto - Internacional - Internet - Impuestos - El Punching-Bag (Sección) - AYUDA
NORMAS DE RED HISPANIA - ¡Escribe tú también en la Red Hispania! - BLOGOSFERA DEL TRABAJO - Blogosfera Hispánica
Madrid - Galicia - Extremadura - Asturias - Canarias - Andalucía - Cantabria - Navarra - Vascongadas - Aragón - Valencia
Castilla La Mancha - Baleares - Cataluña

Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Pena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Pena. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de julio de 2009

DE COBARDES, DE TRAIDORES Y DE TRIBUS VARIAS


Aún resuenan en mi cabeza los ecos de la “heroica” decisión de los organizadores de la renovación de la “Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús” de prohibir la exhibición de banderas españolas con la imagen sagrada de Aquél.
Está claro que hasta el clero de hoy no es como el de antes.
Si antes, allá por la IIª República, muchos dieron su vida por la Verdad, hoy, por el contrario, los nuevos lameculos prefieren comulgar con la verdad imperante y sacrificar la Verdad a la mentira.
Son, sin duda alguna, más cobardes y traidores que los propios responsables de la caída de España hacia el abismo, pues, lejos de hacer frente a semejante ignominia, por el contrario, aceptan, no sé bajo qué contraprestación, aunque la presupongo, cualquier componenda con tal de salir indemnes de la quema.
Sin perjuicio, pues, de dejar huérfanos de dirección espiritual a los cientos de miles de fieles y patriotas que esperan un claro ejemplo a seguir, por el contrario, imitando a sus padres putativos, como hijos bastardos que son, aceptan cualquier “bajada de bandera” que, en el presente caso, se traduce también en “bajada de pantalones”, con todo lo que, por activa y pasiva, implica, y prohíben a los fieles y patriotas exhibir con orgullo lo que durante 90 años siempre se ondeó, nuestra orgullosa enseña nacional con el Sacratísimo Corazón del Cristo.
Afirman, ésos mismos que dicen ser los baluartes de la Fe, que son los garantes de la Verdad, no obstante, lejos de ser cierta tal afirmación, la realidad demuestra que son el resultado del continuo e incesante bombardeo de contravalores a los que algunos, por no decir muchos, se han sentido permeables.
Produce vómito su mera presencia, pavoneándose como conspicuas cabezas de una Iglesia ya marchita por culpa, precisamente, de la tibieza de su cobardía.
Ahora, lejos de ser dignos representantes de la Fe, acuden, como lobos hambrientos, a la llamada de su amo, todo con tal de sacar alguna que otra migaja, aún a costa de silenciar la voz de los auténticos fieles.
Repugnancia, asco, sólo cabe definirlo así, el sentimiento que me produce aquél que si un día ya sucumbió a la voz del poder al aceptar la farsa de un matrimonio herético, con previo y público concubinato conocido y anunciado, ahora, cobardemente, acepta las componendas que sus subalternos traidoramente han pactado.
¿Acaso esperan clemencia?
¿Acaso creen que no van a merecer la misma suerte que los traidores que han vendido a España?
Los traidores son traidores, sean del pelo que sea.
La mitra, de por sí, no garantiza más que una potestad pero que lleva implícita una autoridad moral, y cuando ésta, por la evidencia recalcitrante de la realidad, se muestra pálida, disminuida, sólo cabe reducirla a cenizas, a las cenizas de las que, tal vez, nunca debió salir.
Pero si, al menos, este hecho fuese un hecho aislado, aún podríamos afirmar que tal hecho, en si mismo, no sería más que una excepción; sin embargo, recientes, y no tan recientes acontecimientos, han demostrado cuán frágil es la Fe de algunos, frente a la Fe de muchos.
La “sacrosanta” Conferencia Episcopal está ahora que trina con la nueva “Ley del Aborto” que pretende aprobar este gobierno de deficientes mentales, pero se olvida y así se olvidó que, durante muchos años, incluso durante el “reinado” de su gobierno popular, los inocentes eran sistemática y cobardemente masacrados, asesinados.
Son culpables, pues, de ocultar públicamente el genocidio silencioso, ése que cometen también los que se dicen defensores del “orden y de las buenas maneras democráticas”, pero que ignoran, desde su origen, cual es el primer y principal derecho de todo ser vivo: nacer.
Ya en su día, y fui criticado por algunos que me acusaron de ser “excesivamente radical”, dije cuál era el rostro de la actual cúpula de la Iglesia Católica española, formada, en su mayor parte, por traidores y cobardes, que no sólo han vendido la Fe de Cristo al mejor postor, sino que, además, han dejado de creer en una España gloriosa que, en su día, sirvió como instrumento del Altísimo para la conquista de un Nuevo Mundo y, en consecuencia, de una ingente cantidad de almas para la Cristiandad.
Existen, sin duda alguna, notables excepciones, pero éstas, lejos de erigirse en voces discordantes, aceptan manifestar, de vez en cuando, su contrariedad por aquello de respetar “las reglas del juego”.
Sólo nos cabe la esperanza de la rebelión de los hombres y mujeres que se consideran españoles y cristianos.
Una rebelión de los sin nombre, de aquéllos que aún creen en una Fe y en una Patria común, íntimamente unidas, aunque respetándose recíprocamente.
Se trata, pues, de manifestar públicamente esa repulsa por aquéllos que se han vendido por un puñado de monedas y que, lejos de arrepentirse, se pavonean con los bastardos de turno, ésos que se dicen príncipes y reyes y que, lejos de conocer a sus progenitores, aceptan cualquier filiación con tal de vivir a costa del explotado ciudadano.
Francisco Pena

viernes, 12 de junio de 2009

SIDA: IGLESIA Y POLÍTICA

Con frecuencia se suele acusar a la Iglesia Católica y, por lo tanto, a sus fieles, de ser unos hipócritas en materia de sexualidad, especialmente en relación con el tema de la prevención y contagio del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).
De hecho, aunque silenciando intencionadamente las políticas represivas de los Estados Islámicos, se acusa a los Católicos de promover y sostener una campaña anti-preservativo, entendiendo que se mezcla las convicciones morales con la realidad científica y práctica en un tema tan espinoso y grave cuál es el contagio y propagación del SIDA.
De todos es bien sabido, o al menos debería saberse, que existen varias vías de contagio del SIDA, pero la que ha creado más polémica son las políticas propuestas en materia de contagio sexual, al menos en lo que respecta a la confrontación con la Iglesia Católica.
Y, fundamentalmente, se critica la actitud de la Iglesia Católica en materia preventiva en los países de África y Asia.Y, al final, la polémica se centra (porque así es de su interés) en la promoción y defensa o no del uso del preservativo como método fundamental y eficaz en la lucha contra el contagio y consecuente propagación del SIDA.
Permítaseme, no obstante, centrarme en el Continente Africano, pues creo que, hoy por hoy, es paradigma, al menos políticamente, del problema con el que nos enfrentamos.
1.- La primera cuestión que es menester debatir es hasta qué punto la influencia de la Iglesia Católica en África es tan decisiva como para entender que su propuesta es de tal calado que resulta dañina, cuando no responsable, del incremento exponencial del contagio y propagación del virus del SIDA entre la población.Si observamos el mapa que, a continuación, se expone, observaremos que, en la actualidad, la influencia del Islam en el Continente Africano es, ciertamente, importante.


De hecho, si se hace un estudio poblacional, el porcentaje de musulmanes y no musulmanes, no necesariamente católicos, rondaría el 60% para aquéllos y el 40% para éstos.

Es decir: aproximadamente el 60 % de la población africana practicaría la religión musulmana, estando, en consecuencia, en mayor o menor medida, influidos por el Islam.

Tal hecho, necesariamente nos lleva a la conclusión, al menos parcial, de que la Iglesia Católica carecería de influencia notoria sobre, al menos, unos 550 millones de personas.

Si a ello unimos el hecho de que dentro del porcentaje restante (aproximadamente el 40%) hay que deducir la población que forma parte de Estados que fueron en su día colonias anglosajonas, por no hablar de las diversas prácticas religiosas ancestrales, sobre todo en el ámbito rural interior, nos encontraríamos con un porcentaje muy reducido de población que, al menos teóricamente, estaría en mayor o menor medida bajo la influencia de la doctrina católica.

En definitiva: la afirmación de que la Iglesia Católica tiene una influencia decisiva o importante en el comportamiento de la población del Continente Africano es rotunda, radical y absolutamente falsa.

2.- La segunda cuestión que es menester precisar es el motivo por el que se tiene tendencia a confundir la “política sexual” con la “política sanitaria”.

Y es importante abordar esta confusión, porque como consecuencia de tan intencionada paridad se ha llegado a crear en el ánimo de la población una vaporosa y errónea visión sobre el norte del problema y su “solución”.

O dicho de otra manera: el hecho de que algunos tengan una moral más o menos laxa no debe de servir de obstáculo para no ver la realidad científica, cual es el objetivo definitivo de este artículo.

Se ha llegado a afirmar (y se sigue falsamente afirmando) que por parte de los católicos sólo se propone como método alternativo al uso del preservativo, como supuesto método eficaz para evitar el contagio y propagación del SIDA, la abstinencia sexual, pero tal afirmación es rotunda y tendenciosamente falsa.

Lo que realmente propone la Iglesia Católica es la fidelidad conyugal y, en su caso, la abstinencia sexual.De hecho, se ha demostrado científicamente que las relaciones sexuales entre parejas que mantienen una fidelidad sexual absoluta y, en su caso, la abstinencia sexual son el único método seguro y eficaz de evitar el contagio y propagación del SIDA.

La Iglesia Católica lo único que afirma es lo que científicamente se puede acreditar de manera plena e indubitada, y es que sólo el sexo responsable y fiel o, en su caso, la abstinencia sexual, son los únicos métodos al cien por cien seguros para evitar el contagio y la propagación del SIDA.

Pero, además, es menester significar que, en relación con los Estados bajo influencia islámica, las políticas sexuales al respecto, son mucho más restrictivas, cuando no represivas.

Es por ello que llama poderosamente la atención que la opinión pública sea tan hipócrita que mientras que fustiga sin piedad, y además basándose en falsas premisas, a la Iglesia Católica, por el contrario no se atreve a criticar políticas más restrictivas y/o represivas tales como las que se imponen en los Estados africanos que están bajo la influencia del Islam.

Frente a la propuesta católica, se promueve como “único método eficaz y seguro” para evitar el contagio y propagación del SIDA, el uso del preservativo.

Es así, por el contrario, a los que promueven la promiscuidad sexual a los que realmente compete acreditar la fiabilidad “científica” de sus métodos anti-contagio del virus del SIDA.

Lo primero que llama poderosamente la atención es que en los últimos años se ha evidenciado un primer síntoma de la falsedad de las campañas oficiales no católicas y que consiste en un sutil cambio terminológico, siendo cada día más frecuente oir hablar de “safer sex” o “sexo más seguro” que la expresión antes, no ha mucho, utilizada de “safe sex” o “sexo seguro”.

Y he aquí la raíz de la cuestión, no sólo de fondo, sino también, hipócritamente, de forma.

O dicho de otra forma: ¿a qué viene semejante cambio terminológico?¿Cuál ha sido el motivo de semejante cambio de actitud?: pues, pura y sencillamente, el simple hecho de que los recientes estudios científicos (que no filosóficos o morales) han acreditado, sin resquicio a la duda, que el uso del preservativo, simplemente, no es seguro.

Ni es seguro como método anticonceptivo, ni como método profiláctico (evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual), sino, y lo que es más grave, mucho menos como método seguro de prevención del contagio y propagación del SIDA.

Y no se trata, señores, de disquisiciones más o menos especulativas, sino de datos objetivos comprobados científicamente.

Debido a la confusión intencionada a la que hemos hecho referencia anteriormente (mezclar prevención de contagio con método anticonceptivo) se ha creado en la población en general la convicción de que el uso del preservativo es igualmente fiable que su uso como medio anticonceptivo, y eso, señores, es una barbaridad.

Si tenemos en cuenta que la fiabilidad del uso del preservativo como método anticonceptivo ronda el 88%, por el contrario en el caso de su uso como método para evitar el contagio del SIDA rondaría, según estudios, entre el 65-70%; es decir, que habría entre un 30-35%. de riesgo de sufrir contagio.

El principal problema con el que se encuentra el uso del preservativo como supuesto método “más” eficaz para evitar el contagio del SIDA es que, frente al diámetro de los poros de la goma del preservativo, que es de cinco micras, por el contrario el tamaño real del virus del SIDA es de 0,1 micras; es decir: cincuenta veces más pequeño que los poros de la goma.

De hecho, desde la OMS ya ha tiempo que se viene insistiendo en que el uso del profiláctico no es eficaz en la lucha contra el SIDA, siendo sólo recomendables la fidelidad y la abstinencia sexual como únicos métodos seguros para evitar el contagio.

Y, de hecho, en la práctica de esta política sanitaria en Estados como Uganda, se ha obtenido una reducción significativa del contagio, pasando del 15% al 5% de incidencia, lo que supone una reducción significativa del 10%, siendo considerado por la propia OMS como un éxito admirable.

De hecho, la propia OMS ha manifestado, al respecto, y textualmente: “que la evolución de los comportamientos sexuales es un imperativo capital”.No voy a cansarles en darles una retahíla de datos científicos que bien pueden recopilarlos en inter

net, pero, al respecto, baste significar que la propia UNICEF, a pesar de la campaña brutal de la ONU a favor de la promiscuidad sexual, no tuvo más remedio que reconocer, y cito textualmente, “que el único método 100% seguro de no contraer el SIDA es la abstinencia sexual” o, en su caso, la relación estable entre dos personas sanas, añado yo, tal y como reiteran cientos y cientos de estudios científicos al respecto.

3.- La tercera cuestión que se plantea es por qué, entonces, en países como España, se siguen fomentando el uso masivo del preservativo como método, ahora, “más eficaz” para la prevención del contagio del SIDA.

Porque, señores, hoy por hoy, y amén de los bastardos intereses económicos que encierra tal campaña, es más “políticamente correcto” fomentar el juego de la promiscuidad o del “todo vale”, aún a costa de ocultar intencionadamente la verdad aunque duela a los ciudadanos.

Es de reconocida eficacia política la llamada a la libertad, aunque sea una mal entendida libertad, frente a la verdad.

La verdad no vende, la libertad, aún a costa de la muerte, sí.

Y no hago estas afirmaciones de manera gratuita, porque ha habido, y sigue habiendo, políticos en España que, aunque solapadamente, sí han reconocido la ineficacia del uso del preservativo como método para frenar el SIDA, pero que no se atreven a afirmar cuáles son los únicos métodos seguros: fidelidad y abstinencia.

Esta actitud, amén de cobarde, es una actitud criminal, porque, por encima de los intereses electorales, la actividad política debe ir encaminada al bien común, y no sólo de los propios afectados, sino, y sobre todo, de los potenciales y futuros enfermos.

Pero ésta, señores, es nuestra cruz: la del contar con una clase política sórdida, inútil e interesada que, espero, con el tiempo llegue a ser erradicada definitivamente del suelo de nuestra Patria.

Francisco Pena

martes, 9 de junio de 2009

UNA LECTURA SOSEGADA

Bien, una vez terminada la “gran fiesta democrática” europea, ha llegado el momento de valorar, lejos de cualquier sedimento partidista o ideológico, los resultados producidos y reclamar un espacio más amplio para la realidad y al futuro político de España.
Lo primero que llama poderosamente la atención es el ínfimo porcentaje de participación ciudadana que apenas alcanza el 46% del censo electoral.
Esto, traducido en cifras más explícitas, nos dice que 18 millones y medio de potenciales votantes, de un censo de poco más de 34 millones, han optado por no votar.
Esta abstención del 54% deslegitima cualquier conclusión positiva o negativa que se quiera extraer, sobre todo si pretendemos extrapolar los resultados para la predicción de un potencial futuro gobierno nacional o la derrota del partido del Gobierno.
Nadie, pues, a salvo que sus pretensiones fuesen muy limitadas, nadie, repito, puede sentirse orgulloso de la obtención de escaño alguno, dado que no existe un aval claro por parte del electorado.
En las horas inmediatas a los resultados públicos provisionales, algunos “analistas” llegaron a afirmar que se había producido una “radicalización” de posturas, dado que existen dos claros partidos preeminentes frente al resto que tan sólo obtienen unos resultados simbólicos.
Nada más lejos de la realidad, puesto que en estas elecciones se contaba con un escaso número de escaños a elegir, con lo que, a salvo los partidos predominantes, PP y PSOE, nadie podría obtener más allá de uno o dos escaños.
Esa supuesta “radicalización” de la sociedad, en realidad es el fiel reflejo del fenómeno del bipartidismo que hace años se ha impuesto intencionadamente en nuestra “democracia”.
La abrumadora diferencia de apoyo popular entre los dos partidos predominantes y el resto del arco político, al tener que distribuirse en menor número de escaños, nos da la sensación de que existe una “ruptura” social, hecho que, más que el reflejo de una realidad de confrontación, en el fondo es el reflejo de una triste realidad de falta de vida política democrática.
Si nos fijamos en el número de votos de los partidos mayoritarios, la diferencia entre las elecciones europeas anteriores del 2.004 y las actuales, prácticamente no existe.
Tal vez, la única diferencia radique en el hecho de que el medio millón de votos entre ambas formaciones, sobre todo por parte del PSOE, se ha ido a las filas del partido fundado por Rosa Díez.
Esto nos lleva a la misma conclusión y es que ambos porcentajes (supuesta derecha e izquierda) se mantienen incólumes, sólo que antes, al contar el PSOE con el apoyo del electorado que ha “virado” hacia UPyD, obtenía la misma pírrica victoria que hoy ha obtenido el PP.
De absoluto fracaso se puede, asimismo, llamar al resultado obtenido por las opciones alternativas que proponían tanto “Alternativa Española” como “Libertas”, organizaciones políticas de reciente creación y que nacieron con el, sin duda, loable intento de “lavar” la cara de la clase política española, pero que no han calado en el potencial electorado que, teóricamente, les correspondería.
Pero este hecho no deja de mostrarse como el sempiterno fracaso de la llamada “derecha nacional” o, junto con otros grupos, más o menos afines, de la “derecha patriótica”.
Se argumenta que tales partidos políticos han sido de reciente creación y que, en consecuencia, no puede esperarse una ingente “captación de votos”.
Sin embargo, como contradicción a dicha tesis se encuentra UPyD que sí ha alcanzado desde el principio un respaldo considerable y que en estas recientes elecciones, incluso, lo ha aumentado.
Sin perjuicio de mi convicción de que Doña Rosa Díez, su imagen, no es más que el fruto de un buen trabajo de marketing, que ha pretendido y conseguido captar a un sector centro-izquierdista profundamente decepcionado con el PSOE y, en mayor o menor medida, al sector más liberal del PP, lo cierto es que aquélla ha sabido entender lo que a la llamada “derecha nacional”, aquélla ha tiempo descontenta con la “mayoría natural” que propugnaba el Sr. Fraga o aquélla que no encuentra cobertura en grupos decimonónicos momificados por una doctrina mal entendida, le sigue resultando muy difícil comprender, y es que para reconquistar una España natural, histórica y profunda, es menester reconstruir, desde los cimientos del pasado, aunque con visión irrenunciable del futuro, un nuevo orden político, económico, social y moral que, bien por convicción, bien por necesidad, atraiga irremisiblemente a los que tenga sed y necesidad de Paz, de Orden y de Justicia.
Es menester, pues, despojarse de las “camisas viejas”, de los atavismos innecesarios, de los complejos estúpidos y reconstruir ese pensamiento, síntesis de las mentes privilegiadas de algunos grandes hombres que dio nuestra Patria, para conquistar ese espacio que tanto necesita España y los españoles, incluso para aquéllos que creen que no necesitan ser salvados.

¡DIOS, PATRIA Y REVOLUCIÓN!

jueves, 4 de junio de 2009

MASCARADA


A nadie escapa que vivimos un momento de significativa confusión.
Para algunos, se trata de un mero hecho accidental, provocado por la ilógica del Sistema, de la evolución de los acontecimientos y, en consecuencia, de la sistemática de la acción-reacción que provoca el incesante y oscilante movimiento racional, moral, político, social y económico.
Para otros, sin embargo, la confusión no es casual, no es accidental, sino más bien pretendida.
Resulta incuestionable que en los últimos decenios todos los esquemas, hasta entonces, propuestos han ido, paulatinamente, cayendo en el fracaso, cuando no olvido.
Desde las sucesivas propuestas políticas y/o económicas, hasta la inversión de los valores morales, hasta entonces, defendidos, todo ha ido, poco a poco, cayendo, sino por su propio peso, al menos como consecuencia de algún que otro pequeño impulso.
Da la sensación que desde “varios frentes” llegasen los diferentes impulsos que, conjuntamente, accidentalmente o no, acabasen provocando el colapso de un mundo, hoy abocado ya a la desaparición.
Hoy se afirma sin ningún rubor que las ideologías han muerto, que ya nada de lo, en su día, expuesto tiene cabida en este período convulso.
Parece como si el nihilismo se hubiese apropiado de nuestros cerebros, nuestras almas, y campease orgullosamente por el mundo, aunque, curiosamente, sin proponer, al menos por ahora, nada alternativo.
No obstante, es menester fijarse en los pequeños detalles para comprobar que tal actitud, lejos de ser el resultado de un lógico hastío, por el contrario viene a resultar la síntesis de dos propuestas, aparentemente, antagónicas pero que, como ya he resuelto en diferentes ocasiones precedentes, en realidad han sido siempre el anverso y reverso de la misma moneda.
Obsérvese que hasta no ha mucho se planteaban a la Humanidad dos mundos aparentemente antagónicos:
El liberal, el burgués, el capitalista, representado por la “sacrosanta” democracia, en la que, supuestamente, el pueblo participaba en la elección de sus gobernantes y que éstos, a su vez, procuraban gobernar para aquéllos, en busca del bien común.
En esta dialéctica, aparentemente idílica, la ley de la mayoría representaba la expresión incuestionable del bien común, de la bondad social y del progreso.
La ley era, pues, bien simple: si la mayoría decide que algo es bueno, algo bueno debe ser.
En el “otro lado”, el supuesto enemigo: el sistema marxista, el cual, lejos de aceptar la tesis “mayoritaria”, abrazaba una propuesta totalitaria, en la que el Estado, como un “dios” omnipotente y omnipresente, garantizaría la plenitud del desarrollo social, político y económico del pueblo, expresado en la clase obrera.
Hasta aquí el escenario.
Y luego, sucesivamente, entran los actores.
Por un lado, los políticos liberales que, curiosamente, al menos teóricamente, abarcan “todo el espectro político”.
Así el pueblo es invitado a participar en la fiesta (así lo llaman) de la democracia, en la que “libremente” deciden qué partido político tiene más afinidad con sus “inquietudes”, decidiendo, en último término, la “mayoría”, representada por una “mayoría” parlamentaria, quién será el nuevo director de la orquesta.
Como eslabón entre el pueblo, los ciudadanos, y el Estado, se configura un ente informe al que denominan “partido” político, supuestamente constituido por “partidarios” y que se unen, teóricamente, bajo el común denominador de una supuesta o teórica ideología política.
Por otro lado, el “politburó” o engendro directivo y “popular” que, al constituirse sobre la base irrenunciable de una teórica clase proletaria, por definición, aunque “forzada”, dirige el Estado hacia el triunfo de una constante e inacabada revolución que, curiosamente, siempre se muestra, a la postre, estancada, cuando no yerma.
Y es en este escenario, cuyo teatro es el mundo, en el que se inician los “diálogos” sordos, los circunloquios constantes, los soliloquios eternos.
Resulta, no obstante, significativo, sospechoso, que no habiendo un director, el equilibrio se mantenga constante, incluso, “milagrosamente” efectivo.
Los actores se van sucediendo irremisiblemente, sin solución de continuidad, otorgando, de vez en cuando, a los sufridos administrados ciertas vías de escape para que puedan “expresar” sus miserias, sus anhelos inalcanzables, y, en su caso, sus frustraciones permanentes.
Y, además, como la “sangría” baja la tensión, de vez en cuando, por aquello de no perder la costumbre ….y ciertos privilegios….. se aventa una guerra aquí o allá, da igual, con tal de mantener el sutil “equilibrio” que el mundo necesita.
Y mientras que unos se dedican a redibujar el mapa geoeconómico, otros se dedican a socavar los cimientos morales larga y sólidamente sustentados durante siglos.
Ambos, cada uno desde su puesto, desde su perspectiva, acude a la llamada del otro para, sutilmente, allanar el camino de la definitiva confluencia “salvífica”.
Y un día llega el momento de romper el equilibro, y contrariamente a lo que muchos pensaban, lejos de alcanzarse el final por el triunfo definitivo de uno sobre el otro, resulta que, sorpresivamente, “el otro” se desmorona, sin motivo aparente.
Desaparecido ya el “enemigo”, sólo queda descerebrar al que ha sobrevivido, y, entonces, se produce el paulatino desmoronamiento del mundo hasta entonces existente.
Y, en eso estamos, señores.
Y hoy, cuando el mundo, otrora, triunfante, sobreviviente, se desmorona ya a pasos agigantados, nos asalta la duda de si ese desmoronamiento, lejos de ser la consecuencia lógica del declive de un Sistema, de su fracaso, en realidad no encierra un plan perfectamente preconcebido que, simplemente, sigue inexorablemente unas pautas marcadas desde hace tiempo.
Y, así, nos encontramos con unos supuestos actores: los políticos.
Y, así, nos encontramos con un sistema económico que, curiosamente, cada día tiene menos cabezas visibles, lo cual “obliga” a aquéllos, los políticos, a actuar cada día con más “intensidad” en un campo tradicionalmente “vetado” a sus “habilidades”.
Por otro lado, nos encontramos con unos “fanáticos” que, si bien un día fueron financiados y alentados por aquéllos, hoy, extrañamente, son sus propios y acérrimos enemigos.
De repente, se provoca un colapso a escala mundial que, muy pocos años después, y sin solución de continuidad, tiene su réplica en el ámbito económico y que nuestros afamados políticos, nuestros significativos “líderes”, se ven, como se verán, imposibilitados para subsanar.
Pues, curiosamente, lejos de erigirse aquéllos en hombres y mujeres de gran entidad intelectual, por el contrario incrementan exponencialmente su demagogia en proporción a su cada día más palmaria incapacidad intelectual.
En definitiva: meros títeres en un mundo necesitado de soluciones imaginativas y eficaces.
¿Vamos a aceptar, entonces, la tesis de que un grupo de gilipollas, indigentes mentales, son los que, en realidad, están “gobernando” el mundo?
Sinceramente, estoy convencido de que no.
Ni creo que tales ineptos tengan la más mínima capacidad de gobierno, y mucho menos de decisión, sino que, además, ni creo que sepan tocar “las teclas del piano” para que éste suene más o menos armónicamente.
Ni gobiernan, ni dirigen, ni planifican.
Son meros títeres, meras máscaras de una tragicomedia griega que ocultan tras de sí a los auténticos responsables de este desaguisado y, lo que es peor, a los reales, actuales y futuros, amos del mundo.
Para finiquitar la mascarada, la farsa, una vez alcanzado el cénit del colapso económico, sólo son necesarios dos actos más: el colapso moral y un último y definitivo conflicto armado.
Inmersos, entonces, en una anarquía sin precedentes.
Carentes ya de referencia espiritual y material, el mundo se pondrá a sus pies para aceptar cualquier componenda con tal de conseguir una definitiva, aunque aparente o falsa, paz.
No será porque algunos no lo hayamos advertido.
Un saludo desde el Infierno.

lunes, 1 de junio de 2009

LA RE-EVOLUCIÓN (O la crónica del regreso al Planeta de los Simios)



Que nadie pierda el tiempo leyendo estas letras, si lo que espera es una revisión actualizada de la teoría darwiniana.
Yo, que nunca he creído, ni creeré, en la tesis evolutiva, a salvo los casos extraordinarios que, de vez en cuando, parecen confirmar la genérica regla, sólo pretendo con la presente, precisamente, afirmar que la evolución, en el fondo, siempre ha sido y será una involución.
Pues no de otra manera puede comprenderse la afirmación de que el simio debe gozar de los mismos derechos que la generalidad de los mortales, me refiero, obviamente, a los teóricamente pertenecientes al género humano, animal, pero, a pesar de todo, se quiera o no, humano.
Bien es cierto que algunos, hoy, ciertamente, muchos, merecerían gozar, en igualdad de condiciones, que las tienen, de menores prerrogativas que aquéllos; sin embargo, por lo que se ve, el mundo es injusto y, por supuesto, las leyes, como obra, más o menos acertada, del hombre, también.
Ahora resulta que, después de miles de años de supuesta evolución, los genes difieren de la mente y, en consecuencia, del cuerpo, y da igual haber nacido genéticamente hombre, si, al fin y al cabo, lo que importa es si uno se siente o no mujer….o, tal vez, otra cosa, incluso intermedia.
Pero, es más, aún gozando de la condición psicológica femenina y de la genitalidad masculina, podría darse el caso, y se da o, al menos así lo afirman nuestros legisladores, que, dependiendo del pie con que uno se levante, puede despertarse con ganas de afeitarse o, por el contrario, de echarse unas gotitas de “chanel” ….a ser posible, número 5, por aquello de la modernidad que, obviamente, al menos así nos lo recuerdan recalcitrantemente los medios de comunicación del Sistema, no debe estar exenta de ciertas dosis de lo que, hoy, se llama “glamour” y, en mis tiempos, indignidad o estupidez burguesa.
Y, dado que nuestros legisladores son muy previsibles, por aquello del servicio a la colectividad, han ideado una norma jurídica, eso sí, técnicamente perfecta, que garantiza que el antojo, aún en el caso de embarazo, puede determinar el cambio nominativo y registral, aún cuando el esposo de una decida ese mismo día, tal vez por despiste, levantarse con el pie del mismo sexo que el que tenía el día anterior.
Es definitiva: que la recién parida puede permitirse el lujo, jurídico, eso sí, de gritarle al tocoginecólogo que no le toque…pues eso….los melindres…y que haga el favor de llamar a una matrona, a ser posible de buen ver, dado que, a pesar de las apariencias, y de que su esposo acaba de desmayarse en el paritorio, por aquello de empeñarse, aún en contra del criterio médico, en asistir al parto, en el fondo, la recién parida, al menos así lo afirma el Registro Civil, que, al fin y al cabo, da fe pública, es un señor con toda la barba.
En cuanto al orden de los apellidos, creo, no va a haber ningún problema, no en vano, ya en su momento, tal vez previendo la sucesión de los acontecimientos, se otorgó prioridad a la voluntad individual cambiante frente a la genérica imperante.
Siendo, pues, la madre el padre y el padre la madre, da lo mismo, pues tanto monta, monta tanto, quién se levante chica y/o se acueste señor.
Y, así las cosas, resulta palmario que los simios son inferiores a los humanos, porque, no de otra manera puede entenderse cómo es posible que aquél no haya caído en la cuenta de que el mono puede ser mona o viceversa.
Tal vez, el salto evolutivo, la piedra angular de la teoría evolutiva, el llamado eslabón perdido, haya sido, por fin, hallado.
¿Porqué pensar que tiene que haber un estadio intermedio entre el simio y el hombre y no, tal es mi tesis, entre el hombre y el simio?
Y es que aunque se empeñen los mayores, el mundo no está del revés, sino que es el revés el que ha dado origen a este mundo.
Pues no de otro modo puede entenderse cómo es posible que miles y miles de seres humanos inunden de pateras nuestras costas, cuando hubiera sido más fácil haber nacido oso panda, pues no sólo hubieran viajado en primera clase, sino que, en el colmo del éxtasis psico-evolutivo, serían recibidos por el mismísimo séquito real con la Reina al frente.
Si ha más de cinco siglos que los mahometanos fueron expulsados del territorio patrio, ahora resulta que lo natural, en el sentido evolutivo del término, será que, volviendo a sus raíces, asienten de nuevo sus posaderas, a ser posible, con clase de religión en las escuelas…de religión mahometana, claro, pues la católica, por ser contraria a la razón imperante, debe ser erradicada de todo orbe, ahora, por el contrario, asistimos impasibles a una, cada día, más beligerante y, sino al tiempo, sangrienta persecución anticristiana, mientras que los ateos de toda la vida, los masones complacientes, previa sabia formulación de la universal “alianza de las civilizaciones”, reciben con los brazos abiertos a los hijos de Alláh que, al fin y al cabo, aunque no hermanos en la fe, al menos son genéticamente puros; o, si se prefiere, hijos de la misma puñetera madre que los parió.
Y, dicho lo anterior, y teniendo en cuenta que mi alopécica cabeza comienza a echar humo, con una heroica decisión sin precedentes, les formulo una nueva tesis: la tesis de la Re-evolución.
Se trataría, simple y llanamente, de dejar a su libre albedrío a todo ser, animado o no, listo o tonto, alto o bajo, rico o pobre, para que, al toque de la batuta imperante saltase, brincase o bailase al modo más acorde con su naturaleza, eso sí, bajo la misma y embriagadora melodía.
Y, así, al bípedo que quiera ser cojo, le bastaría con cortarse una pierna y sentir que, incluso, sin ella puede parecerse a su semejante: el simio.
El problema radicará en el hecho objetivo de que, generalmente, las comparaciones resultarán odiosas y, mientras que el simio ostentará una condición superior, dada su bipedestación, el cojo tendrá que “ceder paso” al siguiente en la lista de espera del proceso re-evolucionario: el manco.
Y así, sucesivamente, hasta llevar al idiota que, más o menos, viene a ser un indigente mental que presume de todo y que carece del más mínimo sentido del ridículo, pues, lo mismo se desnuda sin venir a cuento, que aprecia una tregua de E.T.A., o, tal vez, se pasa más de treinta años de su vida buscando a su mujer ideal para descubrir que ésta es un hombre hormonado, por no hablar de los que afirman que morir dignamente consiste en pasarse veinte años de una vida contando a los demás sus miserias, pero no para que se comparezcan de él o le auxilien, sino para que, simple y llanamente, le peguen un tiro en la nuca.
Sí, amigos, en esto consiste la re-evolución: en invertir los valores que, en su tiempo, comulgaban con la razón y ahora, por arte de la sinrazón, comulgan con la idiotez más supina.
Aquí, señores, que cualquiera puede ser llamado y creerse un intelectual, que cualquiera puede ser llamado y creerse un escritor y, por supuesto, porqué no decirlo, cualquiera puede ser rey ….o reina, según con la intención con la que se levante cada mañana, dará lo mismo ser bueno que malo, letrado que iletrado, feo que guapo, pues todos seremos todo lo que nos digan que debemos ser.
Y si tal es la condición humana, que, en poco o en nada, se aleja de la del simio, puestos a hacer monadas, sinceramente, prefiero a éste que no a aquél.
Y, teniendo en cuenta que el simio no ha cambiado, la propuesta más lógica será acercarse a su modelo, pues, como modelo constante, al menos no proporcionaría un modelo a seguir.
O, si se prefiere, tal vez lo acertado sería invertir el sentido evolutivo y si, como dijo un día un idiota, el hombre procede del mono, tal vez creemos la tesis revolucionaria y no por ello menos acertada de que, e realidad, es el mono el modelo al que debería tender todo hombre.
O dicho de otra manera: por mucho que pretendamos aparentar, en el fondo, aunque la mona se vista de seda…..de zapatero viene y en Zapatero se queda.

viernes, 29 de mayo de 2009

Bienvenida a Francisco Pena

Desde aquí, damos la bienvenida a Francisco Pena, que ha decidido unirse también a nuestro blog colectivo.

Francisco Pena es el creador del blog homónimo Francisco Pena.

ESPAÑA ASEDIADA (CRÓNICA DE UNA TRIPLE TRAICIÓN)


Cuando España languidece bajo la indiferente mirada de unos y de otros, de éstos o de aquéllos, es necesario fijar los puntos sobre las íes y señalar a los auténticos responsables de este dislate, de esta ruina moral, de este Estado sin sentido, de esta furia desatada.
Una triple traición ha determinado el triste devenir de nuestra Patria, cuyo fin, si Dios no lo remedia, es más que previsible.
Las lamentaciones sólo valen para los cobardes, para aquellos que, llegado el momento, no han hecho nada por remediarlo, tal vez porque era más cómodo quedarse sentado, más hábil callar, más fructífero medrar.
Una triple traición, repito, que se ha materializado en tres frentes, porque tres frentes son los que han permitido tal infamia.

1.- LA TRAICIÓN DE LA CLASE DIRIGENTE
Y no me refiero sólo a la clase política, sino a todos aquellos que, antes o después, han determinado, de alguna manera, el devenir de la reciente historia política, social y económica de España.
Desde los que optaron por relegar sus deberes porque, sencillamente, era más cómodo y, por supuesto, social y políticamente correcto, expatriar sus responsabilidades para con España y su pueblo, y prefirieron marcar una “convivencia pacífica”, incluso con aquéllos que, lejos de desearla, con el tiempo, han desvelado su verdadero rostro….hasta aquéllos que se inclinaron ante el poderoso, vendiendo su alma y a sus mejores amigos, por aquél que les daba el mejor porcentaje en la lustrosa tarta de la mezquindad … desde el primero al último, todos son corresponsables ante la Historia de las consecuencias causadas por sus miserias.
Juramentos perjurados.
Amistades traicionadas.
Deberes postergados.
Todo por salir indemne de la quema.
Desde el primero al último, todos han cooperado con los auténticos instigadores del final previsible, por procurado.
Desde el primero al último, todos han sufragado el ansia de irracional destrucción, con tal de llevar un trozo del pastel y un halago del cobarde.
Corrupción, delación, miseria del que, en el fondo, fue un mezquino, aunque se vistiese de lino, aunque banqueteara con sus pares, hijos putativos de la misma rama genealógica.
Por un puñado de monedas, tan sólo treinta, se vendió al Salvador del Mundo, ¿por cuánto no se vendería a España?
Pactar con el diablo con tal de sustituir la gloria de nuestros antepasados por la sordidez de los opulentos, ésos que compran y venden almas al mejor postor, porque muchos prefieren pactar que perder.
Pactar con los destructores de la unidad patria, con tal de conseguir unos míseros apoyos puntuales y efímeros.
Pactar con lo más desgranado de la sociedad, ésos que van de progres por la vida, y lejos de predicar con el ejemplo, se nutren y sacian sus barrigas y vanidades a costa del sufrido contribuyente.
Pactar, incluso, con los hijos de Alá, sean de aquí o de allá, con tal de justificar cualquier cambio de rumbo, aunque aquéllos fuesen cuatro monos sin objetivo.
Y, por último, bajo la apariencia de sacrosanta democracia, gobernar sin contar con la “demos”, pues la tiranía consiste en gobernar para el pueblo, pero teniendo a éste lo más lejos e idiotizado posible.
Y así surge la degeneración de la democracia, la “partidocracia” o, si se prefiere, el arte de secuestrar la voluntad popular…..pero sin que se enteren.
Y así se reparten componendas, prebendas, favores y amores, luces y sombras, que para todos hay, para todos los que se dobleguen y, a ser posible, se inclinen a la espera del sodomita apego del traidor de turno.
Ésta es, y no otra, la realidad política, social y económica de España.
De esta España que yace casi yerma, bajo nuestros pies, mostrando ya la livideces propias de la parca.
Y, como siempre, cuando hay un potencial cadáver, ahí están los buitres, esperando su trozo de carroña, mientras que los demás, como máscaras de un teatro griego, fingimos lo que no somos, lo que, tal vez, no queremos ser.

2.- LA TRAICIÓN DE LOS CUERPOS ARMADOS
Pero aquélla, la primera, no sería posible sin la connivencia, más o menos voluntaria, de aquellos que son fiduciarios de la síntesis gloriosa de los, hasta no ha mucho, garantes de la unidad e independencia de nuestra Nación.
Unos por exceso (equivocado), otros por defecto (cobarde), han permitido que lleguemos al precipicio al que estamos abocados.
Es dignidad y rango del hombre de armas, servir a España sin pedir nada a cambio, pero, asimismo, sin aceptar nada como contraprestación.
Cuando se aceptan falsas ideas de lo que es el Ejército español, cuando se acepta que la misión de un soldado consiste en coparticipar en las farsas de un Sistema, mientras a nuestro alrededor las murallas de hunden y el suelo se abre a nuestros pies, con la sonrisa cómplice de soldaditos oportunistas que, con tal de medrar, son capaces de lamer el trasero al traidor de turno, poco queda de la dignidad y honor, otrora, supuestos y hoy, en su mayoría, desvirtuados.
Cuando, lejos de ser un soldado de España, se convierte uno en sicario de un Sistema, a sueldo del preboste de turno, poco queda ya de un honor y dignidad que, más que por razón de cuna, se alcanzaba por voluntad y por valor.
Hoy que cualquiera puede inclinarse hacia adelante, con tal medrar en la carrera imaginaria, poco o nada se puede esperar de los que truecan el amor por la profesión.
Ese amor incondicional a España sólo lo tienen los que sienten por sus venas la sangre de los inocentes, la sangre de los que un día no tan lejano dieron su vida por la unidad, gloria e independencia de nuestra Patria, ésos que hoy se sentirían traicionados por un puñado de “generalifes” que, tal vez, no lo dudo, sepan mucho de guerras bacteriológicas o escudos antimisiles, pero que han olvidado lo sustancial, lo imponderable, lo incorpóreo, el ánimo, el deseo de servir para un fin mucho más irracional, más alto, que la ficticia palmadita en la espalda, el deseo de entregar todo su amor, incluso hasta la locura, a España.
Abandonar tan noble servicio de amor, convirtiéndose en un mero instrumento político, ajeno a todo lo sustancial que siempre acompañó a la vida castrense, es aceptar que portar un arma sólo sirve para ejercer de guardaespaldas de un traidor.

3.- LA TRAICIÓN DE LA IGLESIA "CATÓLICA" ESPAÑOLA
Pero España fue catapultada al abismo también por los que se decían guardianes de la Fe.
Esa Fe que campeó orgullosa por nuestro suelo, y para cuya salvaguarda cientos de miles de hombres, mujeres y niños dieron incondicionalmente su vida.
Algunos ya felizmente desaparecidos, otros todavía boqueando, fueron los responsables, por acción u omisión, de que la Iglesia Católica Española dejase de ser éso, católica y española, para convertirse en instrumento político de una élite oligárquica y burguesa.
Y no me refiero a los sufridos sacerdotes y seglares que permanentemente están al servicio del hombre de la calle, sino a aquéllos que, lejos de defender y afirmar la Verdad, la moldean según convenga por tiempo y lugar.
Me refiero a aquéllos que matizan cualquier afirmación que, por deber, necesidad y justicia, debe ser clara, inequívoca y categórica, sin que quepa la menor duda de cuál ha de ser el camino que ha de seguirse en todo momento frente al continuo ataque a los valores perennes y, por circunstancia de los tiempos, irreductibles.
Decir no, no es decir no, es reiterar de manera clara e inequívoca que los católicos no podemos comulgar con nada que vaya contra la voluntad de Dios.
La Ley es necesaria, pero cuando la Ley es contraria a la Ley de Dios deviene en prescindible.
No se puede servir a dos señores.
Hoy, necesariamente, se debe ser rebelde.
Pero con una rebeldía militante, díscola, subversiva.
Con una rebeldía que necesariamente guíe el punto de mira de nuestros enemigos, hasta tal punto que, si es menester, caigamos por Amor a la Verdad.
Pero antes de caer, gritar.
Pero antes de morir, no volver a negar lo que, en su día, se negó, cual es que España, como hija predilecta del Altísimo, como instrumento de Evangelización de América, debe seguir siendo Cristiana y Católica, porque, de lo contrario, no estaremos hablando de España.
Que la Iglesia Católica Española vuelva al redil, porque sólo entonces volverá a ser Católica y Española.