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miércoles, 8 de julio de 2009

Los liberales (2)

"Algunos de los que se hacen llamar liberales sólo pretenden atar nuestras manos".


¡Eso, eso! ¡Uníos todos a la Falange Universal!

Tellagorri: ¿qué te pasa? ¿es el Alzheimer debido a tu provecta edad o es que algún falangista bujarrón abusó de ti durante la niñez?

¡Ah!... Y gracias por "nombrarme" "líder" de Red Hispania (aunque a estas alturas ya no me lidero ni a mí mismo...).

(Inteligente Tellagorri: "Escéptico" es con "S", no con "X".)



Todas las frases del Filóloco juntitas, pero no revueltas, en: Frases lapidarias del Filóloco


martes, 7 de julio de 2009

La falsa democracia en España

Me pregunta un buen compañero nuestro que por qué odio tanto la figura de la monarquía en España cuando fuimos los españoles los que "decidimos" poner al Rey ahí.

Pero yo le digo que no sé cuándo los españoles "decidimos" restaurar una monarquía que, por dos veces (Isabel II y Alfonso XIII) habíamos expulsado de España, por la inmoralidad de la primera y la inoperancia de ambos.

En el 1978 nos metieron "en el mismo saco" el tener una democracia a cambio de tener también un Jefe de Estado perpetuo, con un cargo hereditario e inelegible, además de unas "autonomías", germen de la futura destrucción de España.

Debieran haberse hecho referenda diferenciados: uno para la restauración de la Democracia, otro para la reinstauración de la Monarquía y un último para la invención de las autonomías.


jueves, 23 de abril de 2009

El Punching-Bag




Inauguramos nueva sección en el blog: El Punching-Bag, donde nuestros compañeros que no estén de acuerdo entre sí se podrán desfogar dándose hostias virtuales.

¡Que lo disfrutéis! XDDD


martes, 14 de abril de 2009

¡Dejadnos en paz!

La verdad es que no entiendo por qué aquellos presuntos cristianos que cada Semana Santa comienzan con la turbia cantinela de que los católicos somos idólatras porque "adoramos imágenes", falsos ídolos que sacamos en procesión, y que consideran todas estas muestras de amor a Jesús y a la Virgen como pecaminosas mamarrachadas paganas, no se hacen protestantes.

Lo mismo digo de aquellos "cristianos" favorables al aborto controlado o a los preservativos o a que se casen los curas: la oferta es amplia: ahí están los protestantes desde hace siglos, con sus alegres cánticos aleluléyicos y su sonrisa plastificada por el dólar.

Que nos dejen a los católicos en paz, con nuestras manías.

No sé por qué siempre nos tienen que "convertir": que se conviertan ellos a las creencias de los que piensan de la misma forma.

No sé por qué siempre a los católicos nos quieren hacer protestantes: háganse ellos protestantes: que no idolatren, hagan simpáticas y alegres misas (sin que nadie molestamente tenga que arrodillarse y sin que a nadie se le reseque la boca por tener que comulgar), presididas por pletóricos curas casados...

Háganlo ellos o invéntense un nuevo código cristiano... ¡sean originales, coño!

Pero... por favor... que no dependan tanto de nosotros... que no dependan tanto de lo que diga o deje de decir el Papa... Suéltense de la manita, de una p... vez.

Y déjennos en paz.

Cuando alguien nos lapida con el argumento de la idolatría, siempre me recuerda a las palabras de Judas cuando se escandalizaba por la excesiva muestra de amor de aquella mujer que derramaba un caro perfume de nardos sobre sus pies: un desperdicio de dinero que podría haberse "repartido" entre los pobres -en palabras de aquel primer ministro de economía socialista de la Historia que fue el honesto y concienciado Judas.

Jesús, ante la espontánea muestra de amor de aquella mujer hacia su persona, le respondió al primer socialista de la Historia: "los pobres siempre permanecerán con vosotros, pero a mí nunca más me volveréis a tener".



Publicado previamente en: El Filóloco



lunes, 23 de marzo de 2009

HACIA LA SEGUNDA GRAN DESCENTRALIZACIÓN: PROBLEMÁTICAS TERRITORIALES EN EL SENO DE LA ESPAÑA DE LAS AUTONOMÍAS.

Cierto compañero de la blogesfera se quejaba abiertamente contra ciertas pretensiones autonomistas o regionalistas que existen dentro de algunas comunidades autónomas. Consideraba él que estos movimientos fomentaban la deslealtad nacional y el separatismo. Nada más lejos de la realidad. Para desenvolver ese sentimiento de patria y unión que los españoles tanto necesitamos no hay que luchar por arrebatar los sentimientos naturales y lógicos de amor a la tierra o la ciudad que existen todavía hoy en España. El apego a la tierra y el empuje actual de los movimientos descentralizadores son consecuencias naturales del carácter pluralista de la nación, por ello no sólo no debemos combatirlos con ese endémico y peligroso centralismo, es menester promoverlos lejos de cualquier tipo de chauvinismo sectario. El centralismo no sólo es un modelo universalmente fallido, sino que a nivel español ha sido y es el principal elemento de discordia y apatridia, sembrador de separatismos y taifas varias. Descentralizar, y dentro de ello, optar por una federación es la manera idónea para, por un lado, enterrar los fantasmas secesionistas que nos quitan el sueño desde hace más de un siglo, y por el otro, garantizar el gobierno limitado, la libertad individual y la prosperidad económica.

Sin embargo uno de los temas que a la hora de acometer una nueva descentralización deberían ser puestos sobre la mesa con toda la honradez sería el de los territorios que actualmente el régimen regional-autonómico no reconoce. Hablo de supuestos tales como los reinos o provincias históricos no reconocidos o directamente disueltos, así como de todos aquellos contenciosos territoriales que enfrentan a dos o a más Comunidades Autónomas entre sí.

En la primera categoría podríamos incluir a León, El Bierzo, Andalucía Alta (antiguo Reino de Granada y Jaén) o las Castillas. En la segunda al Condado de Treviño, Agüera o a la Franja de Poniente aragonesa. Examinando detenidamente los problemas derivados de la primera categoría se derivan de las dos grandes divisiones territoriales de nuestra época; la división provincial y regional de Javier de Burgos sobre 1833 y la división autonómica de los años 1977 a 1995. Tanto la una como la otra procedieron a dividir artificialmente el territorio nacional en territorios que no se correspondían con la realidad existente en la época y ni mucho menos con la tradición histórica. En 1833, la Andalucía Oriental fue anexionada a la Occidental, la provincia de Albacete a Murcia, la histórica Provincia del Vierzo se incorporó a León y el territorio de Galicia se dividió en cuatro provincias que venían a sustituir a las antiguas sete provincias en las que se venía dividiendo el reino. La división provincial hizo el resto, creando unas subdivisiones dentro de las regiones que no sólo atentaban contra el principio de autoorganización de las mismas, sino que además suponían una extraña y artificiosa solución que no se adaptaba a las realidades y necesidades existentes dentro de cada territorio.

El mapa territorial de la Transición y los primeros años de la III Restauración Borbónica agravó el problema al crear comunidades autónomas sin ninguna legitimidad histórica o faltas del refrendo popular, alejadas de la realidad de cada territorio por oscuros intereses políticos y partidistas. Una locura el crear una comunidad ex profeso para Madrid, municipio que por su calidad de capital nacional debería ser un territorio neutral, más sin desgajar toda la provincia de Castilla la Nueva. Peor se me pone la nomenclatura de esta última, "Castilla-La Mancha", absurda e imposible de justificar desde ninguna perspectiva, al igual que ocurre con la "Comunidad Valenciana" o el "País Vasco". Las Andalucías reunificadas en un sólo cuerpo común, aquello fue un aquelarre de nacionalismo sureño que resucitaría al mismísimo Blas Infante. Ya no hablemos de esperpento que supuso la segregación de Cantabria y la Rioja de Castilla la Vieja, todo por las pretensiones del PNV por poder echar mano de aquellos territorios nada más el Gobierno de turno lo permitiese y de este modo realizar los desmanes fascistoides de Arana. Y supongo que para compensar a mis maltrechos compatricios castellanos los Padres de la Constitución pusieron sus barbas a remojar y sus miolos a cabilar e idearon la fatal unión de castellanos viejos y leoneses.

Lo de León sea quizá el caso más conocido y el más sangrante. Al igual que ocurre con Alta Andalucía (la Oriental) la creación de una super-comunidad autónoma sólo ha servido para fomentar el centralismo ha pequeña escala, enviar a enormes masas de población a lugar olvidado lejos de las miradas de las instituciones y por una vez más agrandar la enorme deuda histórica que la nación tiene para con sus tierras. Deuda histórica que se traduce en la ausencia de una libertad para que los ciudadanos de ciertas regiones instituyan y elijan los poderes menores que han de gobernarlos. La mejor manera que se me antoja necesaria e idónea para solucionar problemas como el de León, Andalucía Oriental, las Castillas y otros muchos tales como el de Málaga, El Bierzo, Gran Canaria, Ceuta, Melilla, Franja de Poniente, Treviño, Agüera, etcétera, es permitir que sean los españoles habitantes de estos controvertidos territorios los que determinen su futuro.

A alguno le parecerá separar innecesariamente, pero digo yo que todo lo veo necesario para garantizar de una vez por todas la libertad de ordenación del territorio nacional por parte de los ciudadanos que lo habitan. De este modo y con la oportuna descentralización, lo cual nos llevaría a la necesaria federación, podremos solucionar muchos de los problemas que hoy nos afligen. Hoy Zamora o Almería son zonas poco desarrolladas por causa del centralismo que en múltiples materias opera desde Sevilla. Las Castillas o Galicia son provincias retrasadas respecto a las joyas de la Corona, Vascongadas y Cataluña, privilegiadas por el centralismo de Madrid. Descentralicemos pues, pero no sólo hacia las provincias o regiones, si no también respecto a los municipios y comarcas. Sólo la cercanía del Gobierno al ciudadano nos devolverá mayores cuotas de libertad, progreso social y desarrollo económico, y lo que es igual de importante, reafirmará en los españoles la idea de Patria.