Es curioso, la cantidad de economistas que, día a día, inundan las páginas de los periódicos, dando a conocer sus formulas para salir de la crisis. En concreto, el sábado pasado, me entretuve en leer a uno de ellos: catedrático de economía, hispano-argentino, y "liberal" militante. Es curioso, que todos, digan lo mismo, sobre la cosa económica; pero este opinador ecónomico, conocido por sus numerosas intervenciones en tertulias rodiofónicas y televisivas, y por sus articúlos, me viene que ni pintado, para poneros un ejemplo de "liberal" de pacotilla, y de como un hombre, puede llegar a traicionar sus ideas, y caer en enormes contradicciones vitales y morales.
Antes de nada, tengo que decir, que hay ideas liberales, con las que estoy bastante de acuerdo. La elección libre, por ejemplo, de colegio para nuestros hijos, de médico, de operador telefónico, de compañía de electricidad, agua, gas, etc; me parecen bien, siempre que no se caiga en el monopolio, y que, haya una autoridad que regule los mercados y los servicios. Yo no comulgo, con la opinión de este y otros muchos "liberales" de la destrucción del estado y de la función pública en general, estoy en desacuerdo con el intervencionismo, pero no de la regulación por parte del estado. Creo que debe haber estado, y que este, debe garantizar un acceso para todos a unos servicios básicos sanitarios y educativos. Creo en la sanidad y la educación pública, pero creo también en la libertad de elección, como antes he dicho, y creo que esta libertad nos llevarían a unos mejores servicios estatales, al introducir la competencia sana en ellos.
Bien. Aclarado esto, volvamos a nuestro catedrático, "liberal" y porteño amigo. El sábado pasado, pude leer en el diario "La Razón" un artículo, suyo. En el criticaba a unos supuestos expertos que se han declarado en contra del abaratamiento del despido. Me imagino, que este señor estará a favor del despido libre y gratuito. Bien. Nada nuevo bajo el sol. Todos los opinadores económicos, sobre todo los "liberales", nos dicen lo mismo. Abaratar el despido. Más barato todavía de lo que está. Parece que el liberalismo en España se circunscribe a conceptos como: Despido barato y libre. Nada más. No veo que este señor, a sueldo del grupo periodístico al que pertenece "La Razón", "Antena 3" y "Onda Cero" entre otros, critique, por ejemplo, el sistema de concesiones a dedo, por parte de las distintas administraciones españolas, de las licencias de radio y televisión. De una medida tan poco liberal, este "liberal" no dice ni "mu". ¿Por qué no dice nada? Porque al otro día estaría de patitas en la calle, ni volvería a escribir ni a opinar, ni en este, ni ningún grupo de comunicación. ¿Por qué no critica este señor el que en la Comunidad de Madrid, haya libertad de horarios comerciales y apertura en 22 festivos al año, cuando esta medida está llevando a la ruina al pequeño comercio, y está llevando al monopolio? Que paradojas, ¿verdad? ¿Es el monopolio contrario al liberalismo, o no? ¿Por qué no dice nada de los oligopolios que en España controlan la energía, las telecomunicaciones, los suministros de agua y gas? Son los oligopolios contrarios al liberalismo, ó no lo son. En vez de eso, se dedica a pedir la reforma del mercado laboral, a la baja para los trabajadores.
Hace poco, en una entrevista para una revista de tirada nacional, le preguntaban a Don Santiago Niño Becerra, catedrático de econometría de la Universidad Autónoma de Barcelona:
-Periodista: ¿Por qué en 2006, cuando todos los economístas estaban encantados con la marcha de la economía española, usted decía que nos dirigíamos hacia un crash?
-Santiago Niño: Porque nadie me pagaba para que dijera otra cosa.
Más claro imposible.
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lunes, 29 de junio de 2009
sábado, 27 de junio de 2009
Los títeres y los malos inauguran la nueva estación de cercanías de Sol.
Hoy se ha inaugurado. Por fin. Aleluya! Millones de euros invertidos. Millones de socavones hechos. Pero ya está ahí la estación de cercanías de Sol. No importa las molestias causadas a los pequeños comercios de la zona, a los sufridos transeúntes, a todos. Hoy, a pie de obra estaban los títeres, inaugurando la "mega estación". Encantados todos de haberse conocido, de haber empleado recursos económicos que nos harán mucha falta en las próximas fechas, en hacer una estación de cercanías, en el centro de Madrid. Pero los malos, que también estarían presentes en el evento, quieren más. Su avaricia no tiene límites. Los malos están encantados con los títeres, que les conceden obras, del todo inútiles, para los ciudadanos, pero muy provechosas para ellos. Ahí está la calle Serrano, por ejemplo, o la Plaza de Colón, "patas arriba" y con la estatua de Don Cristóbal de un lado para otro. Bueno, y medio Madrid, por no decir Madrid entero, que los malos tienen levantado, con el apoyo del dinero de todos, otorgado por los títeres. Los malos dicen a los títeres que hay que hacer obra pública, ahora que se han cargado la construcción, y los títeres, obedientes, se inventan el plan E, para que los malos sigan ganando dinero.
Los malos son todos liberales. Los títeres también. Han lanzado al mundo su versión del liberalismo, que es: "Que nadie gane dinero, salvo yo". El monopolio es su religión. Son enemigos del estado y de los intervencionistas, salvo cuando estos les hacen ganar dinero, y adaptan las reglas al juego de los malos. En España, todo es corrupción, monopolio y sinverguencería; el paraíso de los oligarcas y "liberales".
Siguen ganando los malos, en la película de España.
Los malos son todos liberales. Los títeres también. Han lanzado al mundo su versión del liberalismo, que es: "Que nadie gane dinero, salvo yo". El monopolio es su religión. Son enemigos del estado y de los intervencionistas, salvo cuando estos les hacen ganar dinero, y adaptan las reglas al juego de los malos. En España, todo es corrupción, monopolio y sinverguencería; el paraíso de los oligarcas y "liberales".
Siguen ganando los malos, en la película de España.
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