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lunes, 13 de julio de 2009

jueves, 2 de julio de 2009

Carta de un Guardia Civil al ciudadano


NO SOY PERFECTO. LO SIENTO.


Todos los humanos cometemos errores, y yo he pagado por cada uno de ellos. En mis años de servicio años he visto más de lo que tú nunca verás, más de lo que nadie debería ver nunca.

He intervenido armas de fuego, drogas, cuchillos y navajas, defensas, bates y un sin fin de artilugios semejantes que podían haber resultado mortales para alguno de tus seres queridos o incluso para ti mismo, pero nunca lo sabrás porque estuve allí para evitarlo.

He recogido cuerpos destrozados en las carreteras pero también te he ayudado a cambiar la rueda pinchada de tu coche. He estado en más peleas de las que puedo contar y en más catástrofes de las que hubiera deseado. Las llamas de un incendio han quemado mi piel y la sangre de una víctima, incluso de un compañero, han manchado mi uniforme demasiadas veces.

He visto casi cada tipo de muerte que pueda existir y más de las que podáis imaginar. Debido a mis servicios, casi he muerto en varias ocasiones y he perdido amigos y colegas. He caminado ese largo paseo hasta la puerta para decirle a una madre, padre, esposa, hijo o familiar que su ser amado nunca volverá a casa. He aguantado la agonía verbal e incluso las amenazas de esa pobre gente que no puede aguantar su dolor y lo proyecta contra la primera persona que puede, el mensajero de la noticia, yo.

He visto el maltrato y la violencia entre personas que un día se prometieron amor, entre padres e hijos, entre hermanos y entre amigos. He visto los actos más crueles y mezquinos del ser humano. He visto la enfermedad y la vejez, he ayudado a levantarse al caído y he socorrido al enfermo.

Si fallo en mi trabajo, o aún sin fallar, puedo ser fácilmente denunciado ante una justicia que no me ampara, poniendo en riesgo mi trabajo, mi familia y mi propia vida. Puedo incluso perder mi libertad, por una mala situación que puede requerir una decisión en pocos segundos que a un Juez le llevara años tomar. He visto los ojos de un padre cuando la droga se ha llevado a su hijo.
He visto crímenes con los que nunca soñarías y nunca verás en series ni películas de televisión.
Como un compañero una vez me dijo: “Los policías viven los veinte peores minutos de las vidas de otros”. Sí.

Puede que le haya pedido la documentación alguna vez mientras le indicaba que sacara las manos de los bolsillos. O haberle sacado de su coche en plena noche mientras le indicaba que mantuviera las manos a la vista. Incluso haberle pedido que extendiera los brazos y haberle cacheado, todo ello sin motivo aparente para usted.

Pero usted no ha sido apuñalado en un descuido por no cachear a un ciudadano aparentemente normal, ni ha visto como un compañero caía al suelo de un tiro en la cabeza por no tomar medidas de seguridad, tampoco ha ido a visitar a un compañero que se ha quedado invalido al atropellarle un conductor que se dio a la fuga simplemente porque estaba ebrio.

He escuchado de amigos y familiares como “la Policía no hace nada” como “nos quedamos con droga” como “maltratamos y torturamos a los detenidos” o como “llegamos tarde a propósito”…
He visto a mi esposa escatimar y arañar intentando sacar adelante a tres niños con el sueldo de un policía. He visto a mis chicos aguantarse cuando se dieron cuenta de que no podía ir a sus actos escolares porque “Papá no tiene un horario normal”. He visto también a mis chicos llevar una carga que no deberían haber llevado, cuando uno de sus compañeros o amigos ha dicho que “Todos los policías son unos hijos de puta y deberían estar muertos”

He trabajado noches, fines de semana y vacaciones, noche vieja, navidad y hasta el día que tuve mi primer hijo, mientras tu estabas cómodo y seguro en tu casa con tu familia. Mi familia completa caminó sin mí demasiado tiempo… demasiado tiempo…

He visto las caras de niños que estaban perdidos y que mis colegas y yo tuvimos el privilegio de devolverles a los brazos de su desesperada madre. He visto hemorragias que he sido capaz de parar, corazones a los que he sido capaz de dar una segunda oportunidad para volver a empezar y a las víctimas del crimen que mis camaradas y yo hemos sido capaces de proteger.
Tengo grabadas en mi mente las caras de las personas cuyas vidas mis compañeros y yo salvamos. Sí, tengo historias de éxito… y de fallos.

Tengo noches en las que no puedo dormir, simplemente porque veo las caras de los que no pude ayudar, porque no llegue a tiempo o simplemente porque pienso en un “y sí…” para cada caso en que fracasé. Y si usted nunca ve una milésima parte de esto, es porque la Guardia Civil ha hecho su trabajo…

Si cometo el más mínimo fallo lo pagaré dos veces y aún así me pondré mi uniforme, mi arma y saldré de nuevo. Porque es lo que los profesionales hacen, porque YO SOY GUARDIA CIVIL.

miércoles, 1 de julio de 2009

Carta de D. José Utrera Molina


Carta de D. José Utrera Molina publicada hoy en el ABC ante la taimada retirada de títulos a Francisco Franco por parte del Ayuntamiento de Madrid


He recibido la noticia del despojo que se hace por el Ayuntamiento de Madrid a Francisco Franco, con un sentimiento de tristeza infinita, de honda amargura y también de extraño estupor. Nunca creí que se vulneraran las leyes de la caballerosidad para lanzar un ataque a quien, ya muerto, respira aún junto al corazón de muchos españoles. Tengo que manifestar, por lo tanto, mi disgusto junto a mi sorpresa, y la tristeza y la amargura que me embargan, superan en este caso concreto a mi indignación, por motivos fácilmente comprensibles. No voy a ejercer ninguna clase de condena, ni tampoco me voy a distinguir en un ataque alevoso a los que, a solicitud del grupo comunista, han perpetrado el hecho de privar a quien fue Caudillo de España de unos títulos que le fueron otorgados con plena justicia. Pero quiero recordar que esta medida constituye, además, un contrasentido, porque precisamente quien ha sido atacado con esta disposición, recibió del actual Rey de España las siguientes palabras de elogio en el acto de su coronación: «Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para mí, una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda la existencia a su servicio».
¿Cómo es posible, que a tenor de estas justas apreciaciones del Rey de España, se pueda herir con tanta furia a quien nos gobernó durante un periodo de paz constructivo y eficiente y a quien se debe, queramos o no, la restauración de la monarquía actual, precisamente en la persona de Juan Carlos I ?
Después de considerar estas regias palabras, creo que constituyen un grave motivo de reflexión para aquellos que estimamos que la Transición fue un periodo político abierto a la reconciliación de todos los españoles. Hoy, después de tantos años, resulta que se resucitan los odios, que se alientan las divisiones y que con una especie de artilugio dialéctico se cubre con la palabra «democracia», todo lo que es un verdadero disparate histórico y que constituye la posibilidad de abrir nuevas heridas en el ya torturado corazón de muchos españoles.
Yo declaro aquí, en este artículo, mi lealtad a Francisco Franco. Lo hago consciente de los ataques que aún he de recibir, de las injurias que van a cubrir mi nombre, de las patrañas que van a envolver la verdad que defiendo, pero entiendo, que esa lealtad jurada, me obliga hasta el último día de mi existencia. Me avergüenzo de que se hayan producido situaciones como las que describo, me duelen en el fondo de mi alma. Tengo pruebas fehacientes de haber ejercido antes de que lo proclamara nadie, una verdadera política de reconciliación. Entre otras cosas, porque en los dos bandos en conflicto tuve familiares muy próximos a los cuales consideré siempre equiparables en su buena fe y en su dignidad. Hoy me estremece que sean los herederos de los fusilamientos de Paracuellos y de tantos crímenes como España entera conoce, los que obliguen a un colectivo municipal a bajar la cabeza, o a hacer referencias a determinadas figuras envueltas en las brumas ciertamente acentuadas de la lejanía histórica.
Insisto en que pretendo única y exclusivamente emitir mi opinión sin ánimo de ofensa a nadie, sin pretender ninguna descalificación política. Allá cada uno a la escucha de los latidos de la propia conciencia. Cuando pase el tiempo, estoy seguro de que muchos de los que han votado una moción semejante, sentirán el escalofrío que produce el recuerdo de haber obrado injustamente, la vergüenza y el bochorno que suscita un ataque sin piedad a quien ya yace sepultado, aunque no en el olvido de muchos españoles que hoy reciben una afrenta injustificada.
Julio 1, 2009

viernes, 26 de junio de 2009

YO ACUSO


Conformándonos por el terror a las necesidades circunstanciales de lo cotidiano, el asesinato separatista se ha convertido en una guirnalda en torno a nuestros cuellos. Cerramos los ojos ante el odio, la hiel y la burla del nacional separatismo y surcamos el espacio y el tiempo como una galera sin arboladura porque le hemos cogido el acomodo a este calvario de pánico que, de vez en cuando, escupe sangre, fuego y metralla como en Arrigorriaga, donde Eduardo Puelles García ardió como la yesca hasta quedar carbonizado dentro de su coche. Mañana, su nombre, no será ni un recuerdo en los territorios de la memoria. Mera estadística.
Después de lo irreparable, el crimen, viene siempre lo insoportable, las declaraciones de los políticos, quienes, con la testarudez de los borrachos y la grave profundidad que la embriaguez confiere a las palabras pobres y frías, insisten siempre en que ETA no va a conseguir nada. ¡Qué trágala tan estúpido y, por lo tanto, tan políticamente correcta!
ETA ha conseguido generalizar un espíritu separatista que emponzoña Vasconia toda de los pozos a los hornos. ETA ha conseguido seducir a gran parte de la juventud vasca, la cobarde complicidad de la mayoría, la silenciosa quietud de los que nada hacen porque sólo esperan a ver qué pasa y a ver quién gana; el exilio interior y exterior de otros muchos, y la heróica lucha de unos pocos, como Eduardo Puelles García, que firman con su sangre la anónima indiferencia de esa inmensa mayoría que escucha los disparos como quien oye el despertador.
ETA ha conseguido que la idea de España y el nombre de España sean una despreciable baratija en la conciencia colectiva de los vascos, y un concepto por el que no merece la pena luchar ni en el orden de prioridades ni en la escala de valores del resto de los españoles, pues cada vez que un español no vasco dice que se les dé la independencia ETA suma una voluntad más a su objetivo final, precisa y paradójicamente por la ausencia de voluntad de quien así se expresa.
¿Hay alguien que, sin ser un memo patológico, pueda creerse el mensaje oficial que nos dice que ETA está en las últimas, que está en trance de ser derrotada y que los asesinatos que comete son la prueba de su debilidad?
¿Hay alguien que pueda metabolizar y entender que el Ejército Español esté combatiendo a miles de kilómetros de su Patria contra el terrorismo del Corán y del turbante, mientras el terrorismo de chapela asesina españoles a domicilio, a placer y en régimen de barra libre?
¿Hay alguien que pueda entender que sus señorías estén más preocupadas por los procesos de reinserción de los etarras que por el castigo implacable al que deberían ser sometidos?
¿Hay alguien que alcance a comprender que la meta, más o menos evidente, de todas las políticas contraterroristas que se han diseñado en España no haya sido la eliminación física de la organización terrorista ETA, sino el diálogo y la negociación con ella?
Por todo eso yo acuso del asesinato de Eduardo Puelles García a todos los que aceptaron por cobardía intelectual la constitucional mentira de que España es una Nación de naciones.
Yo acuso a todos lo que por rencor político otorgaron a ETA el letal salvoconducto de luchadores por la libertad.
Yo acuso a todos los que enfatizan el hecho diferencial como fuente generadora de agraviantes derechos históricos para despreciar el hecho comunal español, aceptando perezosa y mansamente que el ser catalán, vasco o gallego es incompatible con el ser y sentirse español.
Yo acuso a todos los que llevan treinta años estigmatizando el patriotismo español y motejando de democrático el separatismo del PNV, de CiU, del BNG y de ERC.
Yo acuso a todos los que reafirman la perversión democrática de que a través de las urnas se puede desgarrar el manto de la Unidad Nacional Española.
Yo acuso a todos los que pusieron en manos de políticos esencialmente desleales a España las competencias de Educación y Cultura sabiendo perfectamente cómo y para qué las iban a utilizar.
Yo acuso a los que aprobaron un sistema y unas leyes electorales que otorgan una representación parlamentaria absolutamente desproporcionada a partidos separatistas.
Yo acuso a todos los que por intereses sectarios y coyunturales han coqueteado con los partidos separatistas para conformar mayorías de gobierno.
Yo acuso a todos los que desde sus responsabilidades políticas, periodísticas y educativas son incapaces de alzar la voz para darle fuerza al vino de nuestra Historia hasta que este pueblo sin memoria entienda clarísimamente que ni la Democracia, ni la Constitución, ni el Parlamento, ni el Rey, tienen potestad, ni autoridad, ni legitimidad, para conceder la independencia ni a la porción de tierra de España que cabe en una maceta.
Ahora, hoy, ya es tarde. Demasiado tarde para que la esperanza sea algo más que un sueño. Treinta años de abstracción política constitucional han convertido a España en una abstracción conceptual tan difusa que sólo palpita con verdadera pasión en el corazón de los que la odian.
Ellos esperan la independencia con más amor y fidelidad que Penélope a Ulises. Nosotros sólo esperamos que dejen de matar mientras les animamos a que sigan perpetrando, por la vía del diálogo, el más repugnante de los crímenes: el separatismo.

Eduardo García Serrano
http://www.diarioya.es/

miércoles, 17 de junio de 2009

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina


Franns Rilles, inmigrante boliviano en situación ilegal en España, era explotado rigurosa y metódicamente en la panificadora valenciana en la que trabajaba en régimen de esclavitud. Doce horas diarias en el tajo por setecientos euros al mes en negro, sin contrato, sin papeles, sin Seguridad Social, sin derechos y, a partir de ahora, sin un brazo. Sin el brazo izquierdo que una máquina le arrancó de cuajo empapando en sangre el pan de su patrón, uno de esos cabronazos que saben que el miedo de los inmigrantes ilegales es como el humo de las ciudades derrotadas, enmascara el saqueo y emboza el pillaje.
¿En qué nos convertimos cuando la ley, la decencia y la justicia desaparecen? Pues en el patrón de Franns Rilles, ése cabronazo que le abandonó desangrándose por el muñón del brazo a doscientos metros del hospital más cercano susurrándole al oído que no contara la verdad, porque él sabe que estos pobres desgraciados vienen todos de los dientes de la injusticia que cosen el hambre como las lanzaderas de un telar, y que si quieren trabajar tienen que callar. Tragar y callar, porque los códigos y las pautas del mercado se han convertido en la ley de leyes hasta tal punto que todos hemos olvidado que al mercado se acude en busca de verduras, no de justicia.
Vienen buscando pan y justicia y cuando llegan aquí caen en las ávidas manos de mercaderes poco dispuestos a conceder una hospitalidad que no paga al contado. Caen en manos de negreros como el patrón de Franns Rilles, más astutos que inteligentes, cuyo único evangelio es la codicia, que regatean cuando compran y engañan cuando venden. Son los chulos de la miseria, los dueños de la lonja de carne humana, marcada por la fría escualidez del hambre. Son los alquimistas que convierten en oro la desesperación y el terror, el vacío y la soledad de los inmigrantes ilegales.
Como con esa estirpe de usureros yo me niego a representar la comedia de la indulgencia y a adoptar la hipocresía del respeto, diré que a mí el patrón de Franns Rilles me recuerda gratamente a Foulón, aquél ministro de Luis XVI que con ocasión de una hambruna que diezmaba Francia dijo que si el pueblo tenía hambre, que comiese hierba. Naturalmente, cuando estalló la Revolución, la cabeza de Foulón apareció en lo alto de una pica con la boca llena de hierba.
El patrón de Franns Rilles puede dormir tranquilo, pues su cabeza con la boca llena de pan coronando una pica es sólo un sueño, onírica imagen producida por las gotas de sangre jacobina que circulan por mis venas.


Eduardo García Serrano.
Editorial del programa “Sencillamente Radio”

lunes, 1 de junio de 2009

DESMEMORIADOS




Con esto de la listita proetarra que tanto cariño ha recibido del Tribunal Constitucional encabezada por el dramaturgo Alfonso Sastre, algunos medios de comunicación han resumido la trayectoria del peculiar calzonazos olvidando pasajes fundamentales de su vida. Amnistías que sólo disfrutan algunos. Ninguno de sus desmemoriados biógrafos ha recordado que con anterioridad a su antifranquismo, a su antiespañolismo, a su abrazo a Batasuna y su constante justificación del terrorismo, Alfonso Sastre, Premio Nacional de Teatro, fue falangista. Eso, la desmemoria.


Miguel Gila, el gran humorista de corto repertorio, se presentó en los últimos años como un luchador contra el franquismo. Incluso se inventó que sobrevivió a un fusilamiento, farsa que fue desmontada con facilidad por tratarse de una descomunal mentira. Gila escribió y manifestó que había sido víctima de la persecución franquista. A Gila sólo le persiguió el franquismo para que actuara en las cenas del 18 de julio que Franco convocaba en La Granja de San Ildefonso, y en las que Gila le hizo sonreír en varias ediciones. Un día desapareció. Y puso como excusa que se exiliaba voluntariamente para huir de Franco, el que tanto reía sus gracias. Se exilió para huir de su primera mujer y de las deudas que había contraído con ella, y eligió para su exilio la Argentina de la dictadura militar, la de Videla, Massera, Galtieri y los desaparecidos. Y estuvo bien allí, y mejor tratado. De vuelta a España, se vistió de rojo, ganó muchos millones en las televisiones públicas y falleció sin pagar a Hacienda. Pero fue presentado como un combatiente intelectual contra las dictaduras.


Tengo para mí, que de existir un Instituto Nacional de Biografía, trabajan en él unos señores con enormes tijeras que deciden a quién sí y a quién no se les puede perdonar su pasado de manifiesta cooperación o mansedumbre con el franquismo. Sastre y Gila pertenecen a la relación de beneficiados. Y un bastante José Luis Coll, Juan Luis Cebrián, Concha Velasco, Javier Arzallus, el obispo Setién, y no sigo porque la relación se presenta interminable. Pero más que los políticos, los religiosos o los académicos, me interesan estas figuras de la intelectualidad y el espectáculo –Sastre, indudablemente, es un escritor culto–, que han conseguido el maravilloso regalo del olvido. Coll se hizo socialista de toda la vida cuando conoció a Felipe González. Concha Velasco saltó a la fama gracias a José Luis Sáenz de Heredia, director de cine, y primo hermano de José Antonio Primo de Rivera. Sara Montiel recordó que no era franquista unos pocos días después de la muerte de Franco. Pero la Dirección General de la Desmemoria funciona perfectamente, y a unos les borran el pasado y a otros se lo adornan. El gran escritor Rafael García Serrano, navarro, requeté, pendenciero y siempre nostálgico de batallas, murió en el olvido y el desprecio porque nunca ocultó sus ideas. Pero fue el autor de una de las obras fundamentales de nuestra terrible Guerra, escrita sin rencor y con humor muy largo, el «Diccionario para un macuto». Lo hizo cuando uno de sus compañeros de Falange, Alfonso Sastre, aún cantaba la vuelta de las banderas victoriosas al paso alegre de la paz. Por si a Otegui le interesa.



Alfonso Ussía.


La Razón - Opinión

miércoles, 27 de mayo de 2009

Bienvenida a 27 puntos

Desde aquí, damos la bienvenida a 27 puntos, que ha decidido unirse también a nuestro blog colectivo.

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